Canta la calandria airosa,
canta el tordo renegrido,
canta aquel que ha conseguido
correspondencia amorosa;
canta el ave candorosa
y en el canto su amor vierte,
a mí nada me divierte
separado de mi dueña,
pierdo el sueño y pienso en ella,
su ausencia me da la muerte.
Canta la paloma triste
en su rama posadita,
canta porque está solita
y estar sola no resiste;
en cantar el campo insiste
en la tempestad más fuerte,
a mí nada me divierte
separado de mi dueña,
pierdo el sueño y pienso en ella,
su ausencia me da la muerte.
Canta en el árbol coposo
el jilguero en primavera,
canta porque alegre espera
un devenir venturoso;
canta todo el que es dichoso,
canta el vencedor su suerte,
a mí nada me divierte
separado de mi dueña,
pierdo el sueño y pienso en ella,
su ausencia me da la muerte.
Canta el gallo sin cesar
anunciando el nuevo día,
y yo con melancolía
también me pongo a cantar;
porque no puedo encontrar
a la que amo y está ausente
a mí nada me divierte
separado de mi dueña,
pierdo el sueño y pienso en ella,
su ausencia me da la muerte.
(Fa sostenido menor) Tomado
a Eduardo Peyrón, quien lo aprendió de un “croto”.