El sol ya se iba escondiendo
cuando a lo lejos se vido,
un gaucho desconocido
que iba la loma subiendo;
como si fuera durmiendo
agachao se contenía,
y tan triste parecía
que pena daba mirarlo,
que ganas de consolarlo
al corazón me venían.
Era un gaucho mozo flor
tan alto como hombre y medio,
de esos que ni pa rimedio
van quedando, que es lo peor;
en su pretal sonador
la plata le relumbraba,
y un facón que le asomaba
una cuarta e’ la cintura,
encabado en plata pura
también contra el sol brillaba.
Al cuerpo tenía ajustada
una camiseta que era,
celeste color bandera
con trencillas ribeteadas;
las espuelas como nada
valían un dineral,
desde el freno hasta el bozal
y del rebenque a las riendas,
llevaba más plata en priendas
que choclos tiene un maizal.
El chiripá de merino
en las puntas bien bordado,
calzoncillo bien cribado
y botas de cuero fino;
y un poncho que en el camino
había echado por delante,
demostraba lo bastante
los avíos del paisano,
que venía en un pingo ruano
de algún poblado distante.
(Mi menor) Fue conocido como El grito del Vencido. El historiador
Fermín Chávez se lo atribuye a Juan Cruz Varela. Lo cantaba Victoriano
Nogueira, resero de San Antonio de Areco.