A un lindo jardín entré
de flores bien guarecido,
y tan sólo una he elegido
porque de mi gusto fue;
un pensamiento corté
y el jardinero al momento
con mucho comedimiento
me dijo es muy inferior,
pero para mí no hay flor
más linda que el pensamiento.
Verán en la primavera
esparciendo sus olores,
la diamela y otras flores
que hermosean la pradera;
de fragancia verdadera
no niego su valimiento,
porque estas tienen su tiempo
en que pierden su verdor,
por eso digo no hay flor
más linda que el pensamiento.
La azucena y margarita,
la clavelina y la rosa,
son flores muy primorosas
por su fragancia exquisita;
todas ellas son bonitas
no niego su valimiento,
pero estas tienes su tiempo
en que pierden su verdor,
por eso digo no hay flor
más linda que el pensamiento.
Yo quisiera en todo tiempo
conservarlo al pensamiento,
porque con el pensamiento
se goza un amor sin verlo;
no hay quien deje de quererlo,
porque a todos nos da aliento,
nos da vida y movimiento
y endulza nuestro dolor,
por eso digo no hay flor
más linda que el pensamiento.
(La mayor; 5º (allegro) y 7º
versos menores; introducción e interludios en ritmo de vals) Letra tomada por
“Piquillín” Güiraldes a Don Ramón Isfrán López. Lo cantaba “Ciudadano” Videla
Dorna.