Un viejo saltó y me dijo
yo no he sido militar,
todo mi trabajo ha sido
el de enlazar y domar;
ya me pasé a la otra banda
de domador conchabado,
y mi patrón se llamaba
ese Don Juancho Esperado.
Cuando echaron al corral
una manada de overos,
entre ellos un alazán
de acobardar forasteros;
llevaba mis cuatro cueros,
espuelas, bozal y riendas,
ya vide en el redomón
los ojos como linternas.
Y me dice el capataz
mozo ensille el redomón,
con cuidado debe andar
porque es silla del patrón;
gritaba como un chanchito
el demonio e`bagualón,
y entre mí nomás decía
“¡pucha la silla el patrón!”
Me le senté al redomón
en la puerta del corral,
bellaqueaba día y noche
y no me podía voltear;
corcovió trescientas leguas
que es una barbaridá,
y saludos les mandé
desde Salta y Tucumán.
Cuando estuvo correctón
ya cansao de corcoviar,
me le volví sobre el rastro
hasta la puerta el corral;
y me dice el capataz
mozo largue ese animal,
hoy se cumplen treinta días
de que ensilló ese bagual.
(Re mayor) Tomado
a Don Adolfo Güiraldes, quien decía que fue el primer estilo que supo,
aprendido de niño a su padre.