Todos los oficios juntos
me pusieron a elegir,
y que yo había de seguir
el que fuera de mi gusto;
pensé yo que era muy justo
ser hombre trabajador,
quise elegir el mejor
que me pareciera a mí,
y al momento yo elegí
el ser amante cantor.
Algunos dirán que he errado
al elegir profesión,
siendo esa mi inclinación
porque ha sido de mi agrado;
yo por siempre he conservado
esa idea en mi interior,
siempre me gustó el amor,
siempre me gustó el cantar,
cómo no habría de tomar
el ser amante cantor.
Amando siempre he vivido
por solo el gusto de amar,
sin haber podido hallar
quien me halla correspondido;
por amar siempre he sufrido
pena, tristeza y dolor,
pero no podré el dolor,
la pena ni la tristeza,
sacarme de la cabeza
el ser amante cantor.
Todo oficio desprecié
por ejercer estos dos,
y aunque tenga mala voz
así nomás cantaré;
sin que me amen amaré
pues soy hijo del rigor,
y una pena a otra mayor
mi corazón pasará,
y nadie me privará
el ser amante cantor.
Décima de Alberto Güiraldes