Qué lindo es de madrugada
observar en una estancia,
la honradez y circunstancia
que tiene la paisanada;
se levanta entusiasmada
a tomar un cimarrón,
y en un criollazo fogón
se está dorando un asado,
almuerzan unos bocados
y a cumplir su obligación.
Ya cuando el día clarea
y abandonando el fogón,
uno ensilla un redomón
y para el campo rumbea;
todos tienen su tarea
en el establecimiento,
pero todos van contentos
a su trabajo con ganas,
qué lindo es por la mañana
una estancia en movimiento.
En un zaino malacara
que es escarceador y brioso,
va relinchando fogoso
por amor a la tropilla;
un criollo viene en la orilla
de alambrado de afuera,
recorre en hora primera
ya que en el día pasado
hubo un alambre cortado
y salió un ternero afuera.
Y por el otro costado
se divisa a un mensualito,
que trae alambre en rollitos
en los tientos del recado;
y ansí por el descampado
en dirección a aquel cerro,
y donde suena el cencerro
siñuelo de la majada,
va por si hay una carneada
o mordida de los perros.
Lindo es sentir el rumor
en la loma y la cuchilla,
al pasar una tropilla
y al paisano domador;
de veras que es un primor
ver puntiar a la madrina,
que a silbidos la domina
el criollo con arrogancia,
y esto se ve en las estancias
de nuestra Patria Argentina.
Tomada
a Eduardo Peyrón