Porque está tan caro el hilo
no emparcho mis pantalones;
ya están llenos de portillos,
de roturas y rajones.
Al contemplar a mi traje
que está todo descosido,
yo siento que un fuerte frido
me hace perder el coraje;
espero que el hilo baje
para remendar tranquilo,
y esperando me aniquilo
y estoy perdiendo el reposo,
teniendo que andar rotoso
porque está tan caro el hilo.
Recuerdo que antes hacía
la costura a cuatro cabos,
solo con cinco centavos,
que un carretel lo valía.
Ya la camiseta mía
se encuentra hecha jirones,
no me abriga los pulmones
me está matando sin pausa,
y por esta misma causa
no emparcho mis pantalones.
El hilo marca “Cadena”
del cuatro o mejor, del cero,
duraba de enero a enero,
su costura era muy buena;
yo lo recuerdo con pena
al mirar mis calzoncillos,
tan rotos en los fondillos
que están llegando a sus fines,
ni hablar de mis calcetines,
ya están llenos de portillos.
Y no hay duda que al “Paletó”
se le ha descosido el forro,
y aunque me pida socorro
no puedo auxiliarlo yo;
desde que se encareció
el hilo, en estas regiones;
por este y otras cuestiones
contemplo con amargura,
llenitas mis vestiduras
de roturas y rajones.
Tomado
de Gregorio Álvarez, libro “El Tronco de Oro”, folklore de Neuquén