En el país expresado
cualquiera soldado infante,
deja de serlo al instante
y se pasa a ser montado;
para el más leve recado
que a un sirviente se le ofrece,
a donde bien le parece
pilla un caballo corriendo,
y aunque el dueño le esté viendo
ninguna pena merece.
Las bolas, cuchillo y lazo
en dicho país infiero,
que mucho más que el dinero
para comer son del caso;
pues cualquiera que de paso
se le antoja alguna res,
la bolea por los pies,
al lazo le arroja el cuello,
entra el cuchillo a degüello
y se la come después.
Para cada compañía
le dan una vaca entera,
y si es flaca la primera
le tocan dos ese día;
desde luego se podría
abastecer a Granada,
con la carne que hay tirada
tan sólo en Montevideo,
continuamente y aún creo
que había de haber sobrada.
Las cabezas se desprecian,
las asaduras se tiran,
el menudo ni lo miran
y las manos se desechan;
únicamente aprovechan
de la res más extremada,
el costillar y rabada
con la lengua y los riñones,
dejando a los cimarrones
lo demás de la carneada.
Caballos, vacas y perros,
burros y demás ganados,
que en España son criados
con collares y cencerros;
allí por montes y cerros,
valles, campiñas y ríos,
silvestremente bravíos
se divisan a montones,
y se llaman cimarrones
por sus libres albedríos.
Esta décima fue encontrada por don Ángel Battistessa en