Dijo Hernández con razón
en acriollado lenguaje,
“es al ñudo que lo fajen
al que nace barrigón.”
Soy de la mesma opinión
porque alcanzo a comprender,
que jamás he de poder
el que escuela no ha tenido,
compararse al hombre estruido
en la fuente del saber.
Pero aunque nacido y criado
en la escuela del sufrir,
me doy maña pa vivir
como el hombre más letrado;
se echar un pial de volcado,
ponerle a un pingo el apero,
al avestruz más ligero
lo sé en el campo bolear,
también una res carnear
sin pegarle un tajo al cuero.
Yo sé un potrillo capar
y cuidar un parejero,
y al caballo más mañero
las mañas le sé quitar;
en un rodeo apartar,
en una cancha correr,
sé quitar y sé poner
a cualquier novillo el lazo,
se agarrar en campo raso
cualquier bicho pa comer.
Si me toca trasquilar
se hacerlo como el primero,
y al más pintao y ligero
se ponérmele a la par;
soy baquiano pa marcar
en cualquier yerra de hacienda,
se componer cualquier prenda
que me falte en el recado,
y al potro más reservado
yo lo sé sacar de rienda.
Se manejar un arado
y sembrar una semilla,
y en el tiempo de la trilla
recoger lo que he sembrado;
se hacer un lazo trenzado
un bozal, un maneador,
se parar como el mejor
un rodeo en campo abierto,
y hasta en el mesmo desierto
soy baqueano y rumbeador.
Tomada a Don Adolfo
Güiraldes. Figura también en el “Cancionero de Capilla del Señor” de Jesús
Pereyra