Cuando en la tarde el solcito
su última luz va apagando,
recién yo vengo llegando
a la morada en que habito;
mas como vivo solito
el rancho está silencioso,
sin que turbe su reposo
nada más que mi llegada,
el balar de la majada
y el llorar de un sauce añoso.
Y una vez de haberme apeado
al costao del mojinete,
desensillo y largo el flete
envolviendo mi recado;
priendo fuego y un asado
corto y ensarto al momento,
mientras el agua caliento
le doy un beso al porrón,
y bien juntito al fogón
a cimarronear me siento.
Tomo el mate al lerdo ruido
de alguna gota de grasa,
que caen sobre las brasas
haciendo áspero chirrido;
luego le hago un tendido
de brasas y echo el asado,
después de haberlo sacado
lo paro, lo corto y ceno,
y con el buche bien lleno
quedo otra vez bien plantado.
Y de ahí tiemplo mi guitarra
que es mi única compañía,
de mi rancho la alegría
y de mi alma el consuelo;
siempre canto a mi desvelo
y a mis amores de ayer,
en este grato placer
vivo solo en estos llanos,
sin padre, madre ni hermanos
sin parientes ni mujer.
Tomada a Celina Videla
Dorna