El jilguero y la calandria
eran dos que se querían,
temerosos de un desprecio
ninguno se descubría.
Al cabo de tanto andar
le dijo el jilguero un día,
que pretendía ser su amante
que por ella se moría.
Estaban los dos sentados
cuando un cazador los vio
y del susto que tuvieron
se separaron los dos.
Quedaron los dos perdidos
en la senda del amor,
nunca pudieron juntarse
y hacer un nido los dos.
Una tarde de verano
al entrarse el horizonte,
bajaba un torito negro
de las alturas de un monte.
Estaba el torito negro
con su sombra divertido,
cuando a una cuarta de atrás
de un tigre se oyó el bramido.
Buenas tardes señor toro,
con qué permiso ha bajado
de las sierras a este monte,
yo siempre tuve la creencia
que para bajar aquí
y había que pedir licencia.
Yo he bajado de la sierra
le contesta el toro ufano,
lo que se aleja el invierno,
lo que se acerca el verano.
Y aura le vía preguntar
usté amigo qué anda haciendo,
ando en busca de torillos
porque de ellos me mantengo.
Y el tigre le dijo al toro
la sangre te he de beber,
con unos cuantos amigos
un convite voy a hacer.
El toro le dijo al tigre
eso será si peleamos,
puede ser que yo te deje
para bien de los gusanos.
El tigre le dijo al toro
vos sos un toro apestado,
que te pasas los veranos
con los garrones chorreados.
El toro le dijo al tigre
para estarnos insultando,
y por ver si sos tan guapo
quisiera morir peleando.
Y atropella tigre engréido
si es que vas a atropellar,
que en cuantito me atropelles
tranquilo te vía esperar.
Y atropelló el tigre engréido
con todita su fiereza,
y el torito lo esperaba
agachando la cabeza.
El toro con su fiereza
en las aspas me lo alzaba,
y antes que tocara el suelo
de nuevo lo abarajaba.
El tigre le dijo al toro
aura sí que es endeveras,
y que me toca perder
porque salí campo afuera.
Campo afuera y campo adentro
yo siempre he sido el mesmito,
porque siempre he sido guapo
desde que fui ternerito.
EL TORO Y EL TIGRE, VERSIÓN 2
En tiempo de primavera
y al rayar del horizonte,
bajó de la sierra un toro
por las orillas del monte.
Estaba este señor toro,
con su sombra divertido
cuando quiso sorprenderlo
el tigre con su bramido.
Al punto le dijo el toro
¿qué le pasa don overo?
Si es que se viene solo vaya
a buscarse compañero.
El tigre allí contestó
amigo no pase a tanto,
soy inspector de los montes,
comisario de los campos.
El toro le respondió
no sea tan orgulloso,
yo soy el rey de los campos,
de los montes poderoso.
El tigre le contestó
señor toro en su presencia,
para salir a los campos
¿a quién le pidió licencia?
El toro le contestó
señor yo vengo nomás,
me parece no es usted
por aquí el juez de paz.
El tigre entonces gritó
¡callate garrones sucios!
a la primera topada
a cualquier gaucho lo asusto.
El toro le contestó
¡callate cara de esponja!
parece que te has tomado
frutas agrias de toronjas.
El tigre así le bramó
no seas pues tan tirano,
te voy a dejar amigo
para pasto a los gusanos.
El toro le contestó
infeliz sin esperanza,
yo te he de ensartar
por las puntas de mis lanzas.
El tigre con su fiereza
al toro lo atropelló,
y el toro con su destreza
en las guampas lo barajó.
Sírvales de desengaño
el cuento señores míos,
que el tigre no pudo
nada con un toro de tres años.
Compuesto aparecido en un artículo de Ernesto Ezquer
Zelaya en 1950, quien dice haberlo oído en su niñez en 1915