El jilguero y la calandria
eran dos que se querían,
temerosos de un desprecio
ninguno se descubría.
Al cabo de tanto andar
le dijo el jilguero un día,
que pretendía ser su amante
que por ella se moría.
Estaban los dos sentados
cuando un cazador los vio
y del susto que tuvieron
se separaron los dos.
Quedaron los dos perdidos
en la senda del amor,
nunca pudieron juntarse
y hacer un nido los dos.
Lloró triste en la montaña
el amoroso jilguero
cuando lo encontró una jaula
donde cayó prisionero.
De qué sirve mi existencia?
De qué sirve haber nacido?
Si me he de ver para siempre
en la jaula sometido.
Más vale me hubiera muerto
antes de haberte querido
si no he de lograr mi intento
no te hubiera conocido.
Estando triste el jilguero
en medio de su prisión
se presentó la calandria
a cantarle su pasión.
Dime jilguerillo amante
te pregunto por favor,
que me interesa saber
la causa de tu prisión.
Oye jilguerillo amante
contéstame por favor,
mira que yo soy constante
y no olvido mi pasión.
Voy a decirle señora
que tanto así me apura,
la causa de mi prisión
es por amar su hermosura.
Lindo jilguerillo amante
ya me voy a retirar,
voy a mandar a un enviado
que te ponga en libertad.
También debo prevenirle
lo que usted puede dudar,
sépase que soy casada,
soy mujer del cardenal.
No esté usted desprevenido
si le preguntan por mí,
diga que nunca me ha visto
ni jamás lo conocí.