Bajo lustrosa lomera
muy finamente adornada,
asoman como si nada
los flecos de una arpillera;
forma en el medio “diquera”
el Sol de la cabezada,
y de una cinta encarnada
remata un moño lujoso,
para que recuerde el mozo
la fe de su “pior es nada”.
Atado lleva a las varas
para que lo dignifique,
con un jactancioso “dique”
un potrito malacara;
tira como si jugara
con el peso de la chata,
el barro no lo abatata
ni en Emprendao se “apatina”,
y al llamao de “¡Golondrina!”
se afirma en las cuatro patas.
Su dueño Julián Hermida
por más nombre Picaflor,
medio pueta y buen cantor,
por abolida corrida:
ha dao más golpe su vida
que el baúl de un emigrado,
por eso vive entregado
al cariño de su china,
a su pingo Golondrina
y a recordar el pasado.
Tomada de un cuaderno de Elvira Rodriguez de Arias, de
San Miguel del Monte