Cuando comienzan las yerras
en los meses de estación,
son días de diversión,
de baile y de beberaje;
se da cita al paisanaje
que acude sin dilación.
El gaucho que anda peonando
y que tiene su tropilla,
su mejor caballo ensilla
para entrar en el rodeo,
llevando listo su apero
y las espuelas que brillan.
Si trabajan a corral
traen un ternero enlazado,
lo aflojan porque el costado
ya lo pide un pialador,
que se disputa el honor
de echarle un pial de volcado.
Si llega a errar el paisano
le sigue el de su derecha,
le pide y luego le acepta
y como hace todo criollo,
tira con todos los rollos
por sobre de las paletas.
Pocas veces el paisano
sabe esos piales errar,
y la bulla general
después que ha cáido el ternero,
con la marca al fogonero
las costillas le hace humear.
Y cuando el día declina
así por la tardecita,
largan la hacienda y se invita
a comer carne con cuero,
sin que falta lo primero
pasteles y tortas fritas.
(Sol mayor)
Tomada a Don Adolfo Güiraldes.