Vuelan
como en un lamento
en
fugitivas bandadas,
las notas
del instrumento
tristes
cual eco del viento
al
cruzar por las cañadas.
Ay
triste del alma mía
nadie
comprende tu queja,
nadie
escucha tu armonía
cuando
despides al día
que
tras de la luz se aleja.
Ya no
anida el terutero
en la
loma solitaria,
y
parece que el hornero
sobre
el carcomido alero
entonara
una plegaria.
Tal
vez la vieja cumbrera
no
ofrece apoyo a su nido,
la
sabandija rastrera
dueña
es hoy de la tapera
que
un viento extraño ha derruido.
Ya el
payador su desvelo
no
canta en noches serenas,
ni
rayan el duro suelo
marcando
el compás de un cielo
las
agudas nazarenas.
Hogar,
despojos del viento,
ruinas
de antigua memoria,
hoy
tienes falto el aliento,
en
cada grieta un lamento
y en
cada mata una historia.
Una
luz deslumbradora
rodea
el vasto circuito,
con
resplandores de aurora,
un
viejo fantasma implora
huyendo
hacia el infinito.
Ay
triste del alma mía
vuela
en alas de un lamento,
cuando
en la noche sombría
arranca
ayes de agonía
en las cañadas el viento.