De la costa del Salado
truje yo una novillada,
y pa`la ciudad mentada
abajé pa mi pecado;
sin haber siquiera echado
dentro el buche un cimarrón,
enderecé a un carretón
de esos que llaman tranguay,
y ni bien trepé, ¡velay!,
rodé dando un trompezón.
Después que me hube parado
dio el carretón la arrancada,
y le atraqué una pechada
a un mozo que estaba a un lado;
hice pie despatarrado
cuando el que iba manejando,
paró de golpe apretando
el mango de un molinete,
y me fui como chijete
largo a largo manotiando.
Dispense dije y seguí
aguantando el traqueteo,
pero hice un escobilleo
y de nuevo me cayí;
cómo dir rodando allí
no era güeno a mi entender,
fui a sentarme y sin querer
le di a un viejo un pisotón,
y me senté pesadón
encima de una mujer.
El viejo pegó un chillido
como puerta amojosada,
la mujer dijo enojada
de que yo estaba bebido;
me sujeté confundido
en un cajetilla asustado,
que me miraba embobado
y ansina me enderecé,
pero otra vez me ladié
y así anduve de lao a lao.
Logré sentarme por fin
junto mesmo a una deidad,
y pa trabar amistad
le dije “mi serafín;
que dicha pa un gaucho ruin
estar a su lao rendido”,
pero hallo mal el cumplido
tildándome fieramente,
pues delante de la gente
me dijo “gaucho atrevido”
“Hembra linda”, retruqué,
“tan mala como me reta,
si quiere pondré mi jeta
pa que la pise su pié;
con esto medio logré
seguir haciendo mi juego,
pues viendo una hembra me pego
como abrojo entre la lana,
y cabrestiando con ganas
me vuelvo manso y me entrego.
Contento me le arrimaba
al lao de lo calentito,
y en cada balanceadito
de intento me refregaba;
viendo que ya no moquiaba
más cerquita me le pongo,
cuando oigo como un rezongo,
era un gringo sofocado,
ancho, gordo apelotado,
la panza como un porongo.
Luego vide al lao del lazo
un inglés engarrotado,
pelo rubio azafranado
larguirucho y muy fierazo;
seguí pegando un vistazo
a otro banco medianero,
vide una moza, primero,
lujosamente aperada,
con l`anca muy empinada
y gorra como plumero.
Bostezando y aburrida
la gente iba amontonada,
pujando tuita apretada
como a la gata parida;
cada parada o rompida
que daban los mancarrones,
dentrando los refregones
de que yo me aprovechaba,
mientras los otros ligaban
pechadas y pisotones.
Cuasi medio carretón
poco menos ocupaba,
una gorda que trataba
de consolar un mamón;
agrupaos en un rincón
cabeciaban dos mamados,
y adelante entreverados
ande va la campanilla,
se acomodó una tropilla
de gringos amadrinados.
Al rato el gringo panzón
soltó el puerco, por el fondo,
un resuello tan jediondo
que juyí del carretón;
voy y pego un trompezón
sin tener en qué agarrarme,
y al querer enderezarme
contra el inglés me ladié,
y fuerte lo pisotié
los juanetes sin fijarme.
Puso una cara el inglés
que no he visto otra más fiera,
pero ni ay dijo siquiera
quedando tieso otra vez;
quise empinarme después
pa tocar la campanilla,
se me duebla una canilla
y a la guasca no alcancé,
y manotiando ahí rodé
encima del cajetilla.
Le dije que dispensase
que no estaba acostumbrado,
a ser pruebista embarcado
en carretón de esa clase;
ni esperé que contestase
pues cumplidos pa pior era,
cuando al dir saliendo afuera
sofrenan el carretón,
bailo un gato y de un guantón
hago plasta una galera.
No es nada dije turbado
disparando de la gente,
pero quedo de repente
de una pollera enredado;
y tantiando yo apurado
procurando no ofender,
la manera de poder
lo más pronto desmaniarme,
manosié sin yo fijarme
las piernas de una mujer.
Salgo afuera, armo un cigarro,
pisa un charco el más sotreta,
y me salpica la jeta
con un chijete de barro;
la punta del poncho agarro
y furioso me limpié,
¡Pare!, dije y me abajé
de arriba abajo manchado,
y cansao y medio golpiado
a La Tablada llegué.