Yo soy el árbol que ayer
un nido tuvo muy triste,
dónde cómoda viviste
disfrutando de un placer;
nunca distes a entender
que podías olvidarlo,
siempre trataste cuidarlo
con cariño y con anhelo,
y hoy vienes a alzar el vuelo
muy dispuesta a abandonarlo.
Vos viste que un crudo invierno
sobre mí se derramó,
y aquel invierno quemó
todos mis gajos más tiernos;
que pasado aquel invierno
gozaré una primavera,
y la planta que ayer fuera
marchita y abandonada,
ha de ser acariciada
por otra ave que lo quiera.
Algún día te has de hallar
sin tener dónde asentarte,
y el nido que abandonaste
lo has de volver a ocupar;
yo siempre te he de amparar
sin ver el mal que me hiciste,
y aunque en un tiempo te fuiste
dejándome árbol florido,
podrás decir que yo he sido
el árbol que más quisite.
Tomado a Natalia Lennon.