El diluvio universal
(Relación de Sala)
Cuando el mundo se enyenó
de almas y poblaciones,
y se encontraban montones
de todo lo que Dios creó;
a perderse comenzó
el respeto entre la gente,
y los que eran más valientes
de todos se aprovechaban,
y robaban y mataban
hasta amigos y parientes.

Se habían dado a la bebida
y ya naides trabajaba,
puras carreras y tabas,
pura charla mala vida;
todo era farra corrida
de baile y de beberaje,
y en aquel libertinaje
las hembras más copetudas,
paseaban casi desnudas
pa alborotar al gauchaje.

No hacían caso del gobierno,
todo era revoluciones,
y dentraban en malones
los indios, que era un infierno;
enterado el Padre Eterno
no lo quiso consentir,
y determinó a venir
para acabar el fandango,
y montado en un chimango

Se fue a casa de un paisano
allá por Colastiné,
de apelativo Noé,
que era de Dios como hermano;
hombre manso y buen cristiano
vivía decentemente,
a más como era presente
entre rezos y vigilia,
había criado a su familia
muy buena y muy inocente.

¿Qué prendas tráiba el Creador?
Es poco lo que se diga:
poncho blanco de barriga
de vicuña superior;
buen sombrero de castor
borlas de oro en el barbijo,
un calzoncillo prolijo
cribao por una beata,
y nazarenas de plata
trabajadas por un hijo.

Eso sí, venía sin botas,
al estilo correntino,
porque dicen que el Divino
no aguantaba ni la ojota;
cuentan los sabios de nota
y aprueban lo que les hablo,
en la Epístola e`San Pablo
que dice que Dios no usó,
calzao dende que bailó
un malambo con el Diablo.

Ató el chimango al palenque 
y le sacó el cojinillo,
y en el cabo del cuchillo
Dios luego calzó el rebenque;
salió Noé medio enclenque
porque ya era hombre de edad
y con mucha cortedad
lo invitó pa que dentrase,
y en un poyo se sentase
pa mayor comodidad. 

Dentro Dios y se sentó
muy serio y sin decir nada,
la familia atribulada
la bendición le pidió;
Dios al punto se la dio
y dijo a Noé sentate
a escucharme y prepárate
lo que te voy a decir,
pero antes te he de pedir 
que me hagas cebar un mate.

Al decir esto sacó
el naco y pico un cigarro,
mientras la vieja en un jarro
un cimarrón le alcanzó;
don Noé se disculpó
porque la yerba era fiera,
mistura de misionera
con yerbitas de por ay,
porque la del Paraguay
no había quien la trujera.

Después que el Creador matió
hasta quedar satisfecho,
pitó, se compuso el pecho,
y hablar ansí comenzó:
cuando el mundo formé yo
lo hice para bien del hombre,
por eso nadie se asombre
que ahura lo haga dir al fondo,
pues se ha vuelto un batifondo
de esos que no tienen nombre.

Ya no tienen compostura,
han olvidao sus deberes,
hombres, chicos y mujeres
tendrán su muerte segura;
no habrá perdón ni blandura
pa naides en la ocasión,
y vendrá una inundación
cubriendo toda la tierra,
ni en la punta de las sierras
van a encontrar salvación.

Cuentan que en esa ocasión
aunque era un día sereno,
se oyó retumbar un 
e estremeció el cañadón
al volar de la bandada,
el chimango una sentada
pegó cortando el cabresto,
y agarró el campo muy presto
como un alma condenada.

Llenos todos de temor
se arrodillaron y Noé,
dijo al punto cumpliré
tu voluntad, mi Señor;
por vos no tengo rencor
porque has sabido cumplir,
te salvaré de morir
a vos y a toda tu gente,
pero tené muy presente
lo que te voy a decir.

Andá juntando madera,
preparándola en tablones,
y fabrica unos galpones
en forma de ballenera;
unta con grasa por fuera
para que pueda durar,
pues vas a tener que andar
mucho tiempo navegando,
después sabrás hasta cuándo,
que yo te habré de avisar.

Después en aquel galpón
has de encerrar un casal,
de cualesquier animal
que encontrés en la Creación;
y con ellos en montón 
te guarecés vos también,
en ese entonces recién
se va a venir lo más gordo,
y a naides alces a bordo 
por más plata que te den.

Antes que a todo mortal
lo haiga echáu por las cuarenta,
has de aguantar la tormenta
y capiar el temporal;
recién tendrás la señal
de que ha terminado el duelo,
cuando veas en el cielo
como un arco de colores,
ya vendrán tiempos mejores
y te mandaré un consuelo.

Dicho esto se despidió
y como quedó de a pie,
su caballo pangaré
el paisano le prestó;
de un brinco se le sentó
ansina nomás en pelo,
le pego un chirlo y al vuelo
remontó hacia lo infinito,
hasta que de chiquitito
no se vio más en el suelo.

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Luego don Noé salió
y enderezó pa los montes,
a cumplir con el apronte
de lo que Dios le mandó;
la familia lo ayudó
a juntar los animales,
pero andaban tan baguales
en los montes y en los cerros,
que ni con bolas ni perros
podían juntar casales.

Pero con fe trabajaban
porque era su salvación,
y poco a poco un montón
de animalitos formaban;
por delante los llevaban
arriándolos despacito,
les hacía corralito
para que no se cortasen,
y a los galpones dentrasen
mansejones y al tranquito.

Cargaron todas las fieras,
animales y serpientes,
y mil clases diferentes
de bichos y aves caseras;
hasta palomas viajeras
en aquel barco encerró,
y hasta en esto la acertó
pues cuando aislados quedaron,
por ellas se anoticiaron
que Dios no los olvidó.

Cuando Noé estuvo listo
empezó el cielo a nublarse,
y enseguida a descolgarse
un aguacero ¡por Cristo!;
nunca naides había visto
tales bárbaras vertientes,
se ahogaban las pobres gentes
en tremendas agonías,
pues llovió cuarenta días
con sus noches consiguientes.

Las lagunas desbordaron
quedando todo tapado,
y las aguas del Salado
la pampa entera anegaron;
hasta las sierras taparon
los mares alborotados,
agua y cielo en todos lados
y en ese abismo profundo,
quedó sepultado el mundo
en castigo a su pecado.

Una triste soledad
que el corazón encogía,
por todos laos se extendía
como una fatalidad;
ahí quedó la humanidad
por sus crímenes perdida,
así pagó con la vida
el hombre su gran delito,
y en ese mar se ahogó el grito
de una raza maldecida.

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Poco a poco y despacito
las aguas fueron bajando,
mientras iba navegando
el barco muy serenito;
iba a favor de un vientito
que mansamente soplaba,
pero Noé desconfiaba
con tantos días de embarque,
había concluido el charque
y el consuelo no llegaba.

Y marchando lentamente
sin encontrar un islote,
iba a son de camalote
a merced de la corriente;
pensando en su Dios ausente
seguía la caravana,
y al fin en cierta mañana
Noé comprobó admirado,
que el lanchón había envarado
en la Sierra e la Ventana.

Corrió y se trepó a un altillo
y como a eso de la siesta,
llegó a divisar la cresta
de los montes del Tordillo;
se armó un gran batiburrillo
de alegría y de impaciencia,
y pa hacer una experiencia
de la ventana del rancho,
echó a volar un carancho
que no volvió a la querencia.

Si el pájaro no volvió
sería porque a la cuenta,
encontró alguna osamenta
que a devorar se sentó;
viendo esto Noé largó
a la paloma viajera,
que como al volver trujera
en el pico una ramita,
colijió que allí cerquita
la güena suerte anduviera.

Y ansí fue que al tercer día
las sierras y las lomadas,
se encontraban destapadas
del agua que las cubría;
entre las nubes lucía
el arco iris sus colores,
señal de que los furores
de Dios se habían aplacado,
y quedaba terminado
el castigo y sus horrores.

Entonces Noé pensó
en comenzar la descarga,
cuando de una nube larga
Tata Dios se apareció;
enseguida le ordenó
que libertase a su gente,
buscando lo conveniente
para empezar a hacer cría,
que el mundo se poblaría
sin más inmediatamente.

Al abrirse la tranquera
salió aquel inmenso enjambre,
de animales muertos de hambre
que salían campo afuera;
cada cual su madriguera
formó ande más le convino,
conformes con el destino
que al tiempo de irlos largando,
a todos les fue marcando
el Santo Padre Divino.

Cuando ya todos salieron
Dios a Noé llamó aparte,
diciendo tengo que hablarte
y hacia un recodo se fueron;
cuando solos estuvieron
dijo tené por sabido,
que me encuentro arrepentido
de todo lo que ha pasado,
por demás me he calentado
y la mano se me ha ido.

Pero tal vez la lección
sirva luego de provecho,
¡Qué diantres a lo hecho pecho
y siga la procesión!
Eso sí en otra ocasión
pueden tranquilos vivir,
pues ya no los he de hundir
con semejante castigo,
el arco iris es testigo
de que esto habré de cumplir.

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Viendo Dios a tanta gente
y hacienda desparramarse,
comenzó como a alegrarse
y a sonreír mansamente;
don Noé de un redepente
buscó leña y prendió el fuego,
rastreó en el campo y más luego
volvió y en un momentito
ensartado en un palito
se puso a asar un borrego.

Ya listo lo convidó
al Creador a almorzar,
pero no quiso acetar
aunque mucho le rogó;
come vos nomás que yo
voy a seguir mi camino,
después, aunque no soy fino,
la carne no puedo ver,
y por fin has de saber
que nunca como sin vino.

Con semejante argumento
el hombre ya no porfió,
y al asao se le arrimó
con las ansias de un hambriento;
él solito en un momento
se comió todo y la gente,
cuentan que hasta los parientes
ahí se quedaron mirando,
hasta que salió eructando
y escarbándose los dientes.

Cuando ya Dios se marchó
como era día de fiesta,
por ver si echaba una siesta
a la sombra se acostó;
el hombre se desveló
cavilando en su destino,
y triste porque el Divino
se había ido sin comer,
casi más por no tener
de dónde conseguir vino.

Por eso todo su afán
cuando empezó a trabajar,
fue dedicarse a plantar
una parra de San Juan;
con más empeño que al pan
su vino conservaría,
así si otra vez venía
Tata Dios a visitarlo,
por faltar con qué obsequiarlo,
sin almorzar no se iría.

En el siguiente verano
juntó uva en abundancia,
y en el galpón de la estancia
se hizo un vino soberano;
aunque no era muy baqueano
don Noé en industrias de esas,
en unas como represas
se dio maña en trabajar,
y siempre alcanzó a llenar
cerca de dos bordalesas.

Cuando el vino se asentó
fue don Noé a probarlo,
y al dentrar a saborearlo
tan exquisito lo hallo,
que seis cuartas se mandó
al buche sin atorarse;
al fin de tanto empinarse
cazó tamaño peludo,
que se puso tartamudo
y le dio por desnudarse.

Cuando menos lo advirtieron
se fue a correr unos chanchos,
hasta que al fin de unos ranchos
unas mujeres lo vieron;
a los hijos les dijeron
lo que el viejo andaba haciendo,
ellos salieron corriendo
al tiempo que ya su padre
a casa de una comadre
en cueros se iba metiendo.
El mayor, más animoso,
como pa disimular,
¡Tata se va a resfriar!,
le dijo muy respetuoso;
se puso el viejo furioso
de verse ansina estorbado,
y hasta quedarse cansado
lo persiguió a garrotazos,
sirviéndose de pedazos
de piedra que había juntado.

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Después pasaron los años,
el mundo volvió a poblarse,
y todos laos a fundarse
pueblos de nombres extraños;
aumentaron los rebaños
que eran una bendición;
Noé dende la cuestión
ya no tomó ni consejo,
hasta que murió de viejo
allá… en el Samborombón.
Comentarios del Archivero
Esta es la historia del diluvio universal, la Relación de Sala más completa que guardó en la memoria. Ella fue fielmente compuesta, según el libro del Génesis, del Viejo Testamento.