Todos somos una vez
culpables en esta vida,
de ese dolor sin herida
que sientes en tu vejez;
tú en cambio en mi niñez
me diste vida y calor,
me besaste con ardor
en la flor de mi existencia,
y yo con indiferencia
sólo te he dado dolor.
En tu seno me llevaste
cuando me has dado la vida,
hermosa madre querida
de caricias me llenaste;
amorosa me besaste
en la soledad temprana,
para contemplar mañana
llena de pena y tristeza,
sobre tu bella cabeza
que hoy te cubren las canas.
Perdóname madre mía
martirios de mi existencia,
al dar de tu amor la esencia
a un alma triste y sombría;
no me niegues la alegría
que te pido en mi dolor,
que el mundo con su rigor
me ha dado tanta amargura,
que solo con tu ternura
espero lograr amor.
Tomado a Natalia Lennon.