Ahí te mando un pensamiento
para que te impongas de él,
mi firmeza en un clavel
con gusto te lo presento;
si te sirve de contento
mándame una clavelina,
y en la esmeralda más fina
pone tu firma y tu nombre,
para quedar yo conforme
si tu corazón me estima.
Ya lo creo dueña mía
que no será imposible,
ver en un jazmín de Chile
tornada mi simpatía;
verás mi galantería
puesta en un ramo de flores,
si reinan nuestros amores
con ardor sin brevedad,
y tendrás mi voluntad
dando finos resplandores.
Si alguna flor te contenta
y me prometes ser fiel,
te escribiré en un clavel
firmado en una violeta;
si tu pasión fuera cierta
y te muestras generosa,
te presentaré una rosa
o una perla en perfección,
y será mi corazón
para ti dueña amorosa.
Si no te falta valor
contéstame esta esquelita,
te daré una margarita
o una malva de amor;
y en un gajo de cedrón
te escribiré con lealtad,
donde leerás con piedad
que yo me muero por ti,
y en un gajo de alelí
verás mi felicidad.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.