Lejos de ti dueña mía,
de quien amo con pasión,
a mi triste corazón
siglos se le hacen los días;
cruel existencia sombría
de tu recuerdo el fulgor,
cual néctar embriagador
que exhala vuestra hermosura,
mitigando mi amargura
el recuerdo de tu amor.
Cuando en la cruel soledad
me abate un recuerdo triste,
de amargo llanto se viste
mi corazón con lealtad;
comprendo la inmensidad
que gira a mi alrededor,
y combatiendo el rigor
que así me hace padecer,
me hace lágrimas verter
el recuerdo de tu amor.
Cuando ya la noche viene
oscureciendo la aurora,
cuando el prisionero llora
la libertad que no tiene;
cuando el oído nos hiere
algún lejano clamor,
mis ojos con gran fervor
vierten lágrimas de duelo,
sólo me da algún consuelo
el recuerdo de tu amor.
Cuando en el lecho dormido
veo tu bella hermosura,
y de tu voz la dulzura
se desliza en mis oídos;
en el instante florido
de mi sueño encantador,
para alejar el dolor
que me abate en esta ausencia,
viene a endulzar mi existencia
el recuerdo de tu amor.
Recopilación de Daniel,
Celina y María Inés Videla Dorna, año 1988.