Qué equivocado que está
aquel que se ponga a creer,
que ausente lo han de querer
y que no lo han de olvidar;
esto me pongo a pensar
en mis horas de amargura,
en tan triste desventura
pensando lo he comprendido,
que para el muerto es la fosa,
para el ausente el olvido.
Hay amores muy constantes
mientras uno esté presente,
pero encontrándose ausente
pronto encuentra reemplazante;
entonces un nuevo amante
ya le ocupa su lugar,
esto no tomen a mal
lo que mi lengua refiere,
entierran al que se muere
y olvidan al que se va.
Yo tengo por experiencia
que tratándose de amante,
no un existe un amor constante
si por medio está la ausencia;
el amor es providencia
al hallarse divididos,
y si tiene un ser querido
su presencia es muy forzosa,
el fin del muerto es la fosa
y del ausente el olvido.
Muy pronto viene el olvido
de quien por su bien se aleja,
que su alma y nido deja
en poder de un ser querido;
lo olvidan al que se ha ido
y creen que no volverá,
y que el tiempo borrará
todo recuerdo pasado,
aman al que se ha quedado
y olvidan al que se va.
Recopilación de Daniel, Celina y María Inés Videla
Dorna, año 1988. Dictado por Alfredo Estévez, quien la aprendió de doña Luisa
González de Pardo, partido de Las Flores, en el año 1910.