Los astros del firmamento
resplandecen en el cielo,
alumbrando al mundo entero
con poderoso portento;
pero pierden su elemento
cuando el día viene ya,
y del sol la claridad
hace desaparecer,
de estos astros el poder
en toda su inmensidad.
Sólo mi amor dueña mía
no se extingue en este mundo,
porque es del alma fecundo
y del corazón la guía;
amor que en la tumba fría
siempre vivo encontrarás,
y aunque el destino fugaz
mi dicha en el mundo tuerza,
todo perderá su fuerza
pero mi amor no, jamás.
El mismo sol que poder
sobre tantos astros tiene,
cuando oscureciendo viene
vuelve a desaparecer;
entonces es de creer
que ningún astro es estable,
y en su poder sólo el aire
tiene fuerza suficiente,
y sólo él es permanente
sin que pueda ser mudable.
Por eso hermosa deidad
mi amor sólo es comparable,
con la firmeza del aire
que no se extingue jamás;
sólo en mi amor hallarás
eterna dicha y ventura,
y si mi estrella futura
viene a cortar mi existencia,
mi amor cual la dulce esencia
bajará a la sepultura.
Obsequiado por doña Delfina Payrón de San Antonio de
Areco, copiado de puño y letra por su padre don Eduardo Payrón.