Llora este cielo sereno
marchitando sus colores,
la tierra llora vapores
l´agua que abriga en su seno;
llora el arroyo más lleno
si espera esterilidad,
y las aves con lealtad
se lloran de varios modos,
pues ahora que lloran todos
llorad, corazón, llorad.
Llora el prado a quien destina
el cielo una estéril suerte,
el árbol más duro vierte
sus lágrimas en resina;
llora pues si se examina
todo insensible que ve,
una mal pagada fe
y si lo insensible llora,
llorad corazón ahora,
llorad si tenéis por qué.
Llora el ave su orfandad
mirando a su dueño ausente,
el jilguerillo inocente
llora su cautividad;
el pez llora la impiedad
del que le prende y el hombre
llora por qué más te asombre,
pues en extremo tan raro
no es culpa en ello es claro
pues no es delito en un hombre.
Llora el bruto y no es dudable
que llora porque es pasible,
cuando siente lo insensible
y llora aún lo vegetable;
llora todo lo animable
porque puede parecer,
y si el hombre ha de tener
sentido más exquisito,
como será en el delito
llorar por una mujer.
Don Juan Alfonso Carrizo
no quiero que se moleste,
hoy sentado donde está,
sólo su atención me preste.
Por segunda vez que viva
atienda si le conviene,
esta mal formada letra
que a su disposición tiene.
Por última vez que viva
rendido estoy a tus plantas,
Güiraldes el que le sirve,
José Antonio el que le canta.
Recopilado por Daniel,
Celina y María Inés Videla Dorna. Las tres coplas finales son de “Piquillín”
Güiraldes y el homenajeado es el recopilador catamarqueño Don Juan Alfonso
Carrizo.