Vivo muriendo en la vida
y no sé ni cómo vivo,
pasando los mil martirios
por mi alma tan afligida;
quisiera verla concluida
para dejar de penar;
veo que no he de alcanzar
ya la dicha para mí,
más bien prefiero morir
para poder descansar.
Mi vida es tan infeliz
que me causa un padecer,
no tengo ningún placer
que me pueda divertir;
ya no hay gusto para mí,
sólo el llorar me divierte,
más bien prefiero la muerte
y no vivir como vivo,
pasando los mil martirios
qué desgraciada es mi suerte.
Pongo por dificultad
que haiga juventud más triste,
ya que el cielo lo permite
mi destino así será;
debo de considerar
que para mí no es la suerte,
lo que más amo está ausente
que siquiera la tuviera,
para alivio de mis penas
más bien prefiero la muerte.
Viva el que tenga placer,
a mí déjenme morir,
supuesto que para mí
el destino es padecer;
quisiera saber por qué
mi vida es tan abatida,
que nunca tengo alegría
y es un puro sentimiento,
voy muriendo por momentos,
desgraciada suerte mía.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.