Es lindo de mañanita
ver venir la madrugada,
y ponerse colorada
la más blanca nubecita;
y sentir la torcacita
tristemente dar su queja,
los balidos de la oveja
encerrada en el corral,
y el relincho del bagual
que a la manada se aleja.
Ver un pimpollo de rosa
que se comienza a rajar,
y un beso le da al pasar
una linda mariposa;
el agua clara y vidriosa
de un arroyo encajonado,
que entre sauces sosegado
lerdamente va pasando,
y como acero brillando
el lomo de algún pescado.
Ver venir una tormenta
con fuertazos refucilos,
redamando el agua en hilos
de un nubarrón que revienta;
luego el pampero lo avienta
y a lo lejos rempujada,
como lana empelotada
va tronando y del montón,
sale como quemazón
una juerte llamarada.
Sentir después que ha llovido
ese olorcito a mojado,
y el vientecito sahumado
con el trébol florecido;
ver al sol medio escondido
tan redondo y colorado,
que puatrás de un cortinado
un nublao le va formando,
y al hundirse dir dejando
su fuego desparramado.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.