Haciendo comparación
de variados instrumentos,
les diré en mi entendimiento
cuál merece la elección;
no negaré en la ocasión
todo instrumento me agrada,
y aunque mis oídos claman
por la música del viento,
para mí no hay instrumento
que se iguale a la guitarra.
Admiración muy extraña
causa el violín con su acento,
y la arpa con sus lamentos
sus gemidos acompaña;
pero tocada con maña
una guitarra sonora,
también con sus voces llora
o cuando suena se queja,
y en sus acordes festeja
a la encantadora aurora.
No desconozco el valor
categórico del piano,
que tocan con finas manos
señoritas de primor;
pero para mí es mejor
así humilde la guitarra,
sobre todo si la agarra
algún criollo guitarrero,
que la toca con esmero
como si fuera una banda.
La guitarra es el mejor
al fin de los instrumentos,
hasta de acompañamiento
a las voces de un cantor;
ella acompaña al tambor,
al clarín y las campanas,
y si la mano liviana
tiene el que la ha de tocar,
es capaz de arremedar
hasta la palabra humana.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.