Es lindo de mañanita
ver venir la madrugada,
y ponerse colorada
la más negra nubecita;
sentir a la torcacita
tristemente dar su queja,
el balido de la oveja
encerrada en el corral,
y el relincho del bagual
que a la manada se aleja.
Ver que un pimpollo de rosa
va sus hojas desdoblando,
y cerca andar aleteando
liviana la mariposa;
al agua clara y vidriosa
de un arroyo encajonado,
que entre sauces sosegado
lentamente va pasando,
y como acero brillando
el lomo de algún pescado.
Ver venir una tormenta
refucilando ligero,
y de repente el pampero
soplando fuerte la aventa,
y cuando el trueno revienta
en el cielo retumbando,
las centellas culebreando
en el negro nubarrón,
como en una quemazón
pasan las chispas volando.
Pasan las nubes cargadas
de truenos y refucilos,
redamando el agua en hilos
por el viento rempujada;
la lluvia remolineada
se hace en el agua retazos,
como si fueran pedazos
de tules que se han rompido,
y en el suelo caen con ruido
las gotas como guascazos.
Tomado a Natalia Lennon