Quejoso estaba el olivo
de la ingratitud de un ave,
que en furiosas tempestades
en él buscaba su asilo;
y entonando allí su estilo
le dijo con eco triste,
cuando de mí careciste
frondosas eran mis ramas,
y te retiraste ufana
cuando sin hojas me viste.
Nada siento yo en la vida
más que la correspondencia,
lo que dice la experiencia
que lo pasado es pisado;
cuando era de hojas cargado
tú de mi sombra jugaste,
y en mis ramas reposaste
formando en ellas tu nido,
aunque soy el mismo olivo,
ave que te retiraste.
Ave que ufana reposas
de tu gala no presumas,
te pueden faltar las plumas
como me faltan mis hojas;
una estación rigurosa
puede un día fatigarte,
y el árbol que abandonaste
con orgullo y vanidad,
de una fuerte tempestad
puede algún día ampararte.
Así lleno de dolor
decía el árbol quejoso,
cuando te falte reposo
en mi hallarás protección;
yo te calmé la aflicción
cuando de ella careciste,
con otras aves viniste,
puedo brotar otra vez,
y aunque sin hojas me ves
el árbol todavía existe.
Recopilación de Carlos Daws.