Yo soy licor de licores
que alegro a grandes y chicos,
hago pobres y hago ricos,
hago poetas y cantores;
hago sabios y doctores,
hago necios e imprudentes,
en una reunión de gentes
al triste lo hago alegrar,
al que es mudo lo hago hablar
y al que es cobarde valiente.
Ahora hablar a mí me toca
el vaso al licor le grita,
que la dama más bonita
a mí me lleva a la boca;
en sus labios me coloca
después de haberme besado,
me pasa de mano en mano
y a otra boquita me voy,
muy propio y es porque soy
de las damas estimado.
El licor enfurecido
le dice al vaso incapaz,
con dos palabras nomás
te voy a dejar vencido,
ni cristal eres ni vidrio
si se acaba el aguardiente,
a mí me toma el prudente,
el ignorante y el sabio,
y me brindan con agrado
a todo lo más decente.
Dice el vaso muy prudente
que por vencido se da,
viviría mucho más
si no fuera que al presente,
a tomar el aguardiente
se está tan acostumbrado,
ese licor condenado
que no debió tener gusto,
y estoy temblando de susto
en la mano de un tomado.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.