Entré en un lindo jardín
donde había una linda flor,
que me robó el corazón
al momento que la vi;
me quedé pensando así
y era en vano mi pensar,
esa flor debía estar
en manos de un hortelano,
pues yo la tuve en la mano
y no la quise cortar.
Ahí me encuentro al hortelano
y me dice enfurecido,
con qué permiso ha venido
a mi jardín tan temprano?
Yo le dije muy ufano
no he venido con mal fin,
me he venido a divertir
porque mis penas son tantas,
cuenta y diga si le falta
una flor a su jardín.
Y me dice el hortelano
tengo una flor en mi huerto,
cultivada por mi mano
para mi divertimento;
y si alguno en algún tiempo
me la quisiera cortar,
sin yo darle facultad
tendría mucho cuidado,
pues ni un punto me separo
de donde mi flor está.
Al tribunal de Cupido
iremos juntos los dos,
como padre del amor
dará el pleito definido;
si yo la culpa he tenido
y me trata de ladrón,
le daré satisfacción
y es como debe de ser,
y entonces le haré ver
la fuerza de mi pasión.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.