Va a faltar agua del mundo
cesará mi padecer,
entonces se van a ver
secarse mares profundos;
y por martirio segundo
bajar las nubes hirviendo,
se van a hallar pereciendo
y muriéndose de sed,
yo no sé si alcanzaré
a ver este mundo ardiendo.
Quisiera ser adivino
para adivinar los males,
si en el mundo no hay señales
que nos digan su destino.
Ay qué engañados vivimos
bajo este cielo brilloso,
muchos se sienten dichosos
porque abundan en dineros,
y miran a la pobreza
con espanto temeroso.
Debía venir un castigo
sobre el mundo y su riqueza,
volverse todo pobreza
así no habría distingos;
y los que hubiesen nacido
sobre la plata y el oro,
los que miran con mal modo
a los pobres desgraciados,
se viesen en peor estado
y aborrecido por todos.
Algún día llorarán
los tiranos sus riquezas,
al conocer la pobreza
la muerte le desearán;
y todo esto pasará
por culpa de la avaricia,
y por la gran injusticia
que es lo que siempre ha reinado,
el mundo ha de ser quemado
para volverse cenizas.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945.