Como sagrada oración
te llevo dentro de mí,
con la fe que concebí
al abrir tu corazón;
eres luz de la razón
por quien amar aprendí,
en tu embrujo reviví
con mística inspiración,
y sé lo que es devoción
por ser devoto de ti.
Eres la dulce ilusión
que anhela desde la infancia,
a la que aguarda con ansia
y lírica aspiración,
eres cual la redención
que le llega al alma impía,
que aleja la oscuridad
y eres preciosa deidad
que en mi engendra alegría.
Para siempre te he de amar
porque eres mi religión,
que abrazada con fruición
jamás he de abandonar;
pues tras largo meditar
te rendí mi confesión,
que con amplia comprensión
canto tu sabiduría,
logrando con maestría
disipar mi confusión.
Entraste en mí para ser
bálsamo de mis pesares,
y desvaneciendo azares
de un lejano anochecer;
en ti encontré mi placer,
por ti a la vida me aferro,
por ti volví del destierro
en diáfano amanecer,
por ti olvidé el padecer
y en ti mi pasado entierro.
Tomando a Natalia Lennon.