Viene el día y me entristece
sale el sol y no mirarte,
porque quisiera adorarte
desde que el alba amanece;
más como el deseo crece
me parece estarte viendo,
y como estoy conociendo
que es engaño y fantasía,
estoy de noche y de día
a cada instante muriendo.
Qué pena podrá igualar
a la que yo estoy pasando,
porque me veo adorando
lo que nunca he de gozar;
mi corazón de pesar
quiero morir aquí dentro,
saliendo desde su centro,
porque mi amor se acrecienta
y entre sus penalidades
sólo imposibles encuentra.
Dichoso de aquel que vive
en tu continua presencia,
y goce la complacencia
que con tu vista recibe;
dichoso porque concibe
mejorías de su suerte,
porque sus penas divierte
viendo a la prenda que adora,
triste de mí que a toda hora
vivo con ansias de verte.
Si de tus ojos tuviera
una sencilla mirada,
en el corazón grabada
la llevaría por doquiera;
esa tu gracia hechicera
no ha sido hecha para mí,
que otro goce de ella así,
otro mortal más dichoso,
mientras que yo silencioso
vivo muriendo por ti.
Recopilación de Carlos Daws.