Cuando despierta la aurora
con sus tintes purpurinos,
cuando se escuchan los trinos
de la calandria cantora;
cuando un alma soñadora
siente un algo indefinido,
cuando los campos dormidos
despiertan de su letargo,
yo estoy tomando un amargo
en mi ranchito florido.
Después ensillo mi overo
con mucho esmero y cuidado,
fijándome si está aseado
mi pobre y sencillo apero;
monto y me pongo el sombrero
y salgo así al trotecito,
en dirección al bajito
donde pasta mi tropilla,
y al flamear de la golilla
voy chiflando un estilito.
El sol ya había asomado
dando un beso a la cuchilla,
voy arreando la tropilla
que del campo he repuntado;
el sol ya se ha levantado
dorando un seco pajar,
mientras que yo en el corral
mi overo he desensillado,
y a un tubiano colorado
le estoy poniendo el bozal.
Así henchido de alegría
sin mal estoy y sin pena,
me dedico a la faena
de la pobre hacienda mía;
y allá donde muere el día
y el ave vuelve a su nido,
y cuando el campo dormido
vuelve otra vez al letargo,
yo estoy tomando un amargo
en mi ranchito florido.
Recopilación de Daniel, Celina y María Inés Videla
Dorna, año 1988.