Al pie de un coposo pino
a la sombra de sus gajos,
pensativo y cabizbajo
sentado está un peregrino;
piensa que el fugaz destino
o va llevando sin rumbo,
que sigue cual vagabundo
de su estrella la inclemencia,
y que el fin de su existencia
es un misterio profundo.
Tiende la vista al desierto
con reposada amargura,
y en el espacio fulgura
su melancólico acento;
con sensible sentimiento
contempla la inmensidad
del mundo y del más allá
que más tarde nos espera,
en esa hora postrera
…….o fatalidad.
Vuelve la vista extraviada
con la mayor indolencia,
y al pensar en su existencia
halla tras de sí la nada;
piensa en la dicha pasada
y en los males del presente,
y en su corazón inerte
sólo siente la amargura,
de una tristeza futura
que es el frío de la muerte.
Cierra los ojos, no mira
y oye aunque nada ve,
que una voz le dice que
todo en el mundo es mentira;
en aquel instante gira
el mundo a su alrededor,
y sólo siente el fulgor
que resplandece en su alma,
es el bálsamo que calma
las penas de su dolor.
Décima de don Félix Hidalgo, copiada por