Reciba amigo querido
con placer, gusto y contento,
un saludo muy atento
con cariño distinguido;
desde que lo he conocido
mi amistad le profesé,
porque amigo para usté
seré aquel ser infaltable,
porque antes de olvidarle
más vale morir querré.
La amistad que le profeso
es propia del corazón,
porque con estimación
le manifiesto mi aprecio;
es prueba de que interezco
de su buena voluntad,
porque su amabilidad
de tal modo me agradó,
que se lo garanto yo
que lo amo sin falsedad.
Por donde quiera que esté
aunque no esté en su presencia,
aunque me encuentre en ausencia
yo siempre me acordaré;
porque olvidar no podré
su nombre ni sus acciones,
porque en varias ocasiones
buenas hizo para mí,
y por lo tanto que así
no olvido sus atenciones.
Porque un amigo que estimo
digno de veneración,
le brindo mi corazón
con poder grandioso y fino;
si así lo quiso el destino
que debíamos apreciarnos,
y una amistad profesarnos
igual a la que hoy tenemos,
en la ocasión que nos vemos
es mi gusto el saludarlo.
Recopilación de Daniel, Celina y María Inés Videla
Dorna. Dictado por Ramón Ifrán, en “