A tu ventana he llegado
vengo a turbar tu reposo,
con el eco quejumbroso
de un amante abandonado.
Temo te haya despertado
de tu sueño encantador,
siento y no tengo valor
de retirarme enseguida,
perdona prenda querida
a este triste trovador.
Quizás en este momento
en tu ventura soñabas,
y mi voz te despertaba
dueña de mi pensamiento.
Perdona el atrevimiento
de haber venido a turbar,
ese sueño virginal
donde una dicha futura,
encierra tanta ventura
que se pierde al despertar.
Los pajarillos al alba
alegres su nidos dejan,
mientras yo al pie de tu reja
canto las penas de mi alma,
en estas horas de calma
de una noche placentera,
a tu ventana hechicera
vengo con voz dolorida,
para decirte mi vida
cuánto mi amor te venera.
Perdona dulce encanto
ya que tu sueño turbé,
perdona que todo fue
de un pecho herido el quebranto.
Una gota de mi llanto
en tu reja encontrarás,
y mañana cuando veas
y el sol alumbre tu reja,
mirarás que aquí te deja
mi amor todo su pesar.
Tomado a Natalia
Güiraldes, deel cuaderno del Sr. Ventura Sarmiento de Salta. Dice Carrizo
“cuando una canción no está en glosa es de sospechar que sea de data reciente y
del litoral. Los viejos cantores usaban las décimas de pies atados.”