Dios con su mano hizo al hombre
a su semejanza igual,
le dio un alma racional,
virtud y glorioso nombre;
y para que no se asombre
a sus ojos le hizo ver,
que nace de un proceder
el fruto de la flor nace,
y así es digno de llamarse
flor en clase de mujer.
Viva imagen es el hombre
y la mujer semejanza,
la dio Dios esta mudanza
como del nombre al renombre;
también para bien del hombre
a la mujer le dio el ser,
dándole a conocer
que era para compañera,
y como fe verdadera
por fuerza le dio el querer.
La abeja es apenas criada
cuando ya busca la flor,
solicitando el sabor
del dulce que fue formada;
fina belleza emanada
flor de donde nace el hombre;
de que la ame no se asombre
y puede creerlo con fe,
que si la amo es porque
como la abeja es el hombre.
A la mujer Dios creó
para el hombre compañera,
de su sangre la formó
para que más la quisiera;
qué extraño es que el hombre quiera
a la mujer, si es del hombre,
flor de mujer es su nombre
que Dios le dio en su evangelio,
por eso adorado cielo
de que la ame no se asombre.
Recopilado por Jesús
Pereyra en Capilla del Señor, año 1945