Un espejo de valor
yo tuve en mi compañía,
que otro en el mundo no había
hecho con tanto primor;
de tanto precio y valor
que importaba un gran tesoro,
siempre lo siento y lo lloro
al espejo que perdí,
sólo me queda el decir
yo tenía una prenda de oro.
Con marco de oro esmaltado
de deidades peregrinas,
siendo su luna tan fina,
blanco el cristal y nevado;
en un sello confortado
que ni el sol lo aventajó,
la fortuna me lo dio
de un valor tan encumbrado,
y hoy por mal de mis pecados
el cristal se me quebró.
Todo el día me recreaba
en aquel hermoso espejo,
adorando sus reflejos
porque en él me deleitaba;
y tierno me embelesaba
tanto lo llegué a estimar
que sin él no podía estar,
sin aquel fino tesoro
para qué quiero yo el oro
si se me quebró el cristal.
Y si al fin cristal tan fino
que se recreaba en mis brazos,
se quebró, se hizo pedazos,
ese sería su destino;
fue cristal tan peregrino
que ni aquel que lo intentó,
sólo Dios que lo formó
lo podrá hacer no lo ignoro,
y ahora que lo pierda todo
ya lo mejor se perdió.
(Do mayor).
Al parecer, haría alusión a las madres. Recopilación de Daniel, Celina y María Inés Videla
Dorna, copiadas en 1.998. Décimas dictadas por Miguel Medina en el año 1949,
aprendida por él en Gualeguaychú 45 años atrás.