Pisándole los garrones
a la noche que se aleja,
el sol sale con firmeza
dorando unos nubarrones;
los pájaros sus canciones
ya comienzan a entonar,
y allá se ve rejuntar
a un paisano la tropilla,
que la trae de la cuchilla
y la endereza al corral.
Viene un oscuro porfiando
por cortarse a la manada,
tras de una y otra cuerpeada
que hace el bagual retozando;
y de mientras que va entrando
a los gritos del paisano,
que con arriador en mano
lo va siempre revoleando,
y un triste estilo silbando
que repercute en el llano.
En tanto que una morocha
del rancho se ve salir,
y el gaucho al verla venir
siente un dolor que lo aloca;
aire campero provoca
si era toda una pintura,
viera amigo, qué lindura
ver sus ojos tamañazos,
y dos trenzas como lazos
castigaban su cintura.
En un profundo suspiro
el paisano la envolvió,
triste gemido exhaló
al ver a su prenda amada,
enderezó a la enramada
y un chirlo al zaino le dio,
pa qué habré nacido yo
dijo saliendo al tranquito
y sollozando bajito
campo afuera se perdió.
(Do mayor) Tomado
a Don Adolfo Güiraldes, quien lo aprendió de Don Mario Díaz y Don Leandro
Heredia, de San Antonio de Areco.